El teatro post pandémico: volver al aplauso cara a cara
- 3 nov 2021
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Con la reapertura de los teatros, Ernesto Pagliano, director del teatro La Cova, reflexiona sobre el valor de asistir a los espectáculos presenciales y volver a apostar por la cultura artística del país.
Por: Lucía Jorge

“El teatro te sumerge en la historia que se cuenta, sobre todo en La Cova donde parece que uno está arriba del escenario con el actor”, resalta el director del teatro. Crédito: cortesía La Cova.
En estos dos años de pandemia, el teatro tuvo sus idas y venidas. Primero un cierre total, luego una breve reapertura y después las luces se volvieron a apagar. Con la baja de contagios de COVID-19, las salas volvieron a abrirse: primero con un aforo reducido del 30% que con el tiempo fue aumentando y ahora en la ciudad ya es del 100%, mientras que en provincia de Buenos Aires está permitido el 70% de la capacidad. En este nuevo contexto, los teatros intentan funcionar con normalidad y atraer más personas a ver las obras que están en cartelera. Ernesto Pagliano, el director del teatro La Cova en Martínez, cree que ahora más que nunca hay una necesidad colectiva de apreciar el arte de manera presencial.
¿Cómo llegaste a dirigir el teatro?
Tomé el teatro en el 2016, estaba muy deteriorado y trabajamos mucho. El padre titular de la parroquia Nuestra Señora de Fátima me convocó y me dijo: “Lleva este barco que está escorado a fin de año”. Lo llevamos como pudimos y ahí hicimos una serie de modificaciones de organización y pudimos funcionar un poco mejor. El teatro empezó a hacer inversiones de mantenimiento y a su vez haciendo un fondo de dinero para refacciones.
¿Cómo hiciste para hacerle frente a los meses de encierro?
Con los fondos destinados a las refacciones y con ahorros míos particulares –yo no pude sacar dinero de ganancia para bancarme como individuo–, pagamos todos los gastos generales: la luz, el gas, etc. El teatro tiene una particularidad que es que no tiene empleados fijos. El sonidista trabaja de forma independiente y cobra solamente cuando hay un evento. Además, obviamente que todo lo que era refacciones quedó de lado. Mantuve lo mínimo e indispensable que se necesitaba para que el teatro funcionara y yo venía cada semana a la noche y me fijaba que el teatro funcionara bien.
"Un día le dije al teatro: “Yo no te voy a abandonar, yo voy a venir acá todos los días y voy a estar con vos”".
¿Cómo se incentiva a la gente a asistir al teatro?
Haciendo cosas de buena calidad. El argentino tiene cultura. Gracias a Dios todavía conservamos eso. La gente acude cuando hay una buena propuesta, pero hay que ser cauto con el valor de la entrada por el momento difícil que estamos pasando. Aun así, el público está ávido de ver algo lindo y bien hecho.
¿Cuál es la riqueza del teatro presencial?
Es todo. Yo estuve con un estudio de grabación de septiembre a diciembre del 2020 e hicimos algunas cosas vía streaming y realmente es muy distinto. Yo veía cómo Marcelo San Juan, un baladista muy conocido, cantaba con su pequeña banda y miraba la cámara como si tuviera un público de 1000 personas. Me parecía increíble, pero es muy complicado. El teatro presencial como espacio no se puede cambiar jamás porque el público es parte de la obra. La pantalla por más 3D que sea, es un plano. No podés girar la vista porque tenés el living de tu casa y no tenés un par riéndose o llorando al lado tuyo. Fue imposible crear un ambiente para que el público sienta lo mismo que en el teatro presencial y yo no creo que el streaming pueda considerarse teatro.
¿Cuál es la necesidad de ir al teatro?
Creo que es necesario el teatro para enriquecer la vida de las personas. El teatro te sumerge en la historia que se cuenta, sobre todo en La Cova donde parece que uno está arriba del escenario con el actor. Es maravilloso. Todo lo que rodea al teatro enriquece la cultura: la música, los artistas, los escenógrafos y la iluminación. Hace 40 años que trabajo en esto y sigo vibrando en el teatro como siempre. En el peor momento de la pandemia, cuando estaba todo cerrado y no había nadie en la calle, yo me escapaba por las calles laterales e iba a mi teatro. Llegaba, prendía las luces, la calefacción y la máquina de humo y ponía música. Me sentaba y escuchaba un par de temas. Un día le dije al teatro: “Yo no te voy a abandonar, yo voy a venir acá todos los días y voy a estar con vos”. Todavía me emociona pensar en eso porque si dejábamos morir al teatro y a la cultura, moría el ser humano también. No somos máquinas.




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